miércoles, 20 de octubre de 2010

Mi Compromiso

La carrera que estudio me ha permitido adquirir ciertos conocimientos sobre algunos aspectos de la vida, sobre todo a nivel biológico-sanitario, que no estan muy difundidos y que realmente creo que podrían ayudar bastante.
Me gustaría ser capaz de compartir algo de lo que sé para que las personas se den cuenta de que con pequeños cambios o hábitos se obtienen buenos resultados. Un ejemplo, el derroche de electricidad, agua y otros recursos puede disminuirse en gran medida con pequeñas acciones que la mayoría o desconoce o realmente no tiene en cuenta. Otro más, hábitos alimenticios, cuidados para evitar contagio de enfermedades, etc.
Quisiera poder concientizar a las personas sobre el efecto de sus acciones en el mundo, para que entre todos podamos modificar aquello que produce daños al medioambiente o a las personas.


Mi Acción

¿ Tu hás hecho algo que demuestra que tu ya eres un Guerrero Sin Armas?

Hace un par de años, con un grupo de amigos surgió la idea de los fines de semana ir por algunos barrios de bajos recursos y organizar pequeñas reuniones donde servíamos mate cocido con tortillas, o facturas (depende lo que estuviera a nuestro alcance en ese momento) a los niños del barrio. Previamente arreglábamos con alguna familia que nos prestase su patio o un lugar en su casa.

Llevamos comida, algunos juegos y cuentos, los niños venían con sus tacitas y les dábamos algo para merendar. Además, leíamos cuentos, preparamos juegos y les enseñamos algunas cosas, como higienizarse antes de comer, atarse lo cordones de las zapatillas, etc.
Todo iba perfecto hasta que llegó el día del niño. Una senadora se ofreció a ayudarnos con leche y chocolate para ir a un comedor.

Ese día juntamos a más amigos y preparamos juegos, juntamos juguetes, ropa y demás.

Después de un pequeño retraso llegamos al comedor. Allí nos encontramos con cerca de 200 niños que nos estaban esperando (nosotros éramos 9 y estábamos acostumbrados a manejar grupos de 20-30 chicos). Era pleno invierno y algunos de los más pequeños estaban descalzos y con ropa de verano.
Fue increíble el recibimiento que nos dieron!!!
Rápidamente nos organizamos, separamos a los chicos en grupos de acuerdo a sus edades y comenzamos con los juegos!!! (hasta que estuvo lista la leche chocolatada, claro). Entre juegos, sorteos, regalos y chocolatada, la tarde terminó de manera excelente.

Esa experiencia fue una de las más gratificantes de mi vida hasta este momento.
La sonrisa de los niños…el brillo en sus ojos…esa alegría…esas ganas de vivir…teniendo en cuenta el contexto en el que les tocó crecer es realmente una prueba de la fortaleza del ser humano, de que la esperanza está siempre presente y me enseño que pequeños detalles, tal vez insignificantes para uno, pueden influir en la vida de otra persona…

Desde ese momento, siempre que esté en mis posibilidades, una vez al año participo en alguna acción para el día del niño (nos disfrazamos de payasos y fuimos a repartir regalos y entretener a niños en hospitales y en un club de barrio, junto ropa, juguetes y alimentos para repartir, etc) para que estos niños que viven una dura realidad tengan por lo menos algunos gratos momentos que les permitan crecer como buenas personas y hacer de este mundo un lugar mejor.